Brasil es, por volumen de transacciones, el quinto mercado de criptomonedas más grande del mundo y el primero de América Latina, con amplia distancia sobre el resto de la región. Según datos de Chainalysis, el país registró USD 318.800 millones en transacciones de criptomonedas entre julio de 2024 y junio de 2025, casi un tercio de la actividad regional total, con un crecimiento interanual del 109,9%.
Dentro de ese ecosistema, las stablecoins concentran aproximadamente el 90% del volumen de operaciones cripto en el país, según datos de la propia autoridad fiscal brasileña.
Es en ese contexto donde el Banco Central publicó, el 30 de abril, la Resolución BCB N° 561, que actualizó el marco eFX —el sistema regulado de pagos y transferencias internacionales digitales— e introdujo una prohibición explícita: los proveedores de ese servicio no pueden usar activos virtuales para liquidar operaciones con sus contrapartes en el exterior.
La medida generó alarma en el mercado. La interpretación más extendida fue que Brasil había vetado las stablecoins. Esa lectura es incorrecta, pero la pregunta que deja abierta no es menor: ¿por qué un banco central decide excluir los activos virtuales de su sistema de pagos internacionales regulados, en un país con semejante nivel de adopción cripto?
El problema no es el activo, es el carril
El Banco Central de Brasil distingue, en su propio marco normativo, dos categorías separadas de operaciones internacionales: las que se procesan dentro del régimen eFX —pensado para pagos en moneda fiat supervisados a través del sistema cambiario— y las transferencias internacionales con activos virtuales, reguladas bajo un artículo diferente de la Resolución 277. Son dos infraestructuras distintas, con requisitos distintos de capitalización, autorización, segregación de activos y reporte.
La Resolución 561 cierra un espacio de ambigüedad que esa separación dejaba abierto. Sin la aclaración, una empresa de pagos autorizada bajo el régimen eFX podría haber recibido reales en Brasil, convertido ese valor en stablecoins fuera del balance y usado activos virtuales como infraestructura de liquidación offshore, evitando al mismo tiempo las exigencias más estrictas del marco cripto.
Es decir, el uso de stablecoins habría funcionado como una vía de arbitraje regulatorio: acceder a la infraestructura del sistema fiat supervisado y liquidar a través del carril cripto, sin someterse plenamente a ninguno de los dos.
La respuesta del regulador es conceptualmente clara: cada tipo de operación debe transitar por el marco que le corresponde.
Un mercado que el regulador no puede ignorar
La tensión de fondo es real. Las stablecoins se consolidaron en Brasil como una herramienta clave tanto para nuevos inversores como para los ya establecidos, generando casi tres veces más transacciones que el año anterior, mientras los usuarios buscan menor volatilidad ante condiciones macroeconómicas inciertas.
La predominancia de las stablecoins en la región refleja la inflación persistente, la volatilidad cambiaria y los controles de capital, factores que impulsan a las familias hacia activos denominados en dólares.
En ese escenario, el Banco Central no ignora el mercado cripto: lo encuadra. La Ley de Activos Virtuales de 2022 estableció requisitos para las empresas del sector y designó al Banco Central como autoridad supervisora en materia de prevención de lavado de dinero, como parte de un esfuerzo por construir un marco regulatorio que no elimine el ecosistema, sino que lo contenga dentro de estructuras supervisadas.
Lo que la resolución no resolvió
La Resolución 561 aclara el perímetro del eFX, pero no toca el debate más amplio sobre las stablecoins en Brasil. De forma separada, el Banco Central habría enviado al Congreso una nota técnica con recomendaciones sobre posibles restricciones a stablecoins emitidas por entidades fuera de la supervisión brasileña. Ese proceso, si avanza, tendría implicaciones de mucho mayor alcance para el mercado. Lo que ocurrió el 30 de abril fue más acotado: una separación de carriles, no una prohibición de activos.
La pregunta que queda abierta es si esa separación es sostenible en un mercado donde las stablecoins son ya, en la práctica, la infraestructura dominante de los pagos digitales.
Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.
Este artículo de opinión presenta la visión experta del autor y puede que no refleje las opiniones de Cointelegraph.com. Este contenido ha sido sometido a una revisión editorial para garantizar su claridad y relevancia. Cointelegraph mantiene su compromiso con la información transparente y con el cumplimiento de los más altos estándares de periodismo. Se recomienda a los lectores que realicen su propia investigación antes de tomar cualquier acción relacionada con la empresa.

