Costa Rica cuenta con un sistema de pagos instantáneos que opera las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año. Esa infraestructura, que otros países apenas están construyendo, es también la razón por la que los costarricenses no han sentido urgencia de adoptar stablecoins para sus transacciones cotidianas. Así lo consideró Kevin Barquero, consultor en activos digitales y director de Alianzas Estratégicas de Blockchain Jungle, en conversación con Cointelegraph en Español.
Con casi una década de experiencia en mercados financieros y el ecosistema cripto de la región, Barquero sustentó su perspectiva en lo que ha observado tanto como consultor para empresas y personas de alto patrimonio como desde su rol en uno de los eventos de blockchain más relevantes de Centroamérica:
Lo que pasa en Costa Rica es que tiene un buen sistema bancario. Tenemos un sistema en tiempo real, 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Entonces, muchos empresarios y personas comunes no tienen la necesidad de utilizar stablecoins a nivel local
Los números respaldan esa lectura. Según datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR), el total de operaciones sin efectivo alcanzó los 2.587,7 millones en 2025, frente a los 224,8 millones registrados en 2010, lo que equivale a un crecimiento de 1.051% en 15 años.
Las transferencias electrónicas fueron el motor de ese cambio: pasaron de 64,1 millones de operaciones en 2010 a 1.292,6 millones en 2025, un aumento de más de veinte veces. A nivel per cápita, cada costarricense realizó en promedio 498,4 operaciones de pago sin efectivo en 2025, frente a las 49,6 de 2010.

El contraste con otros mercados es revelador. En países donde las transferencias bancarias no son inmediatas o se detienen los fines de semana, la llegada del USDT representa una novedad: pagos que llegan en segundos, sin importar el día ni la hora. En Costa Rica, esa experiencia ya existía antes de que las criptomonedas entraran al vocabulario cotidiano. Barquero, quien reside en Panamá pero mantiene vínculos estrechos con el mercado costarricense, señaló que en ese país también era común que una transferencia enviada después de cierta hora no llegara sino hasta el día siguiente. Costa Rica, dijo, ya resolvió ese problema hace años.
Donde sí existe la necesidad
La situación cambia cuando se habla de pagos internacionales. Ahí identificó una necesidad real y creciente: dependiendo del banco, enviar una transferencia al exterior puede requerir ir en persona a la sucursal, lo que convierte a las stablecoins en una alternativa práctica. Reconoció recurrir mensualmente a la compra de USDT para pagar a proveedores internacionales desde una de sus propias empresas.
En el mercado local, los usos que observó son más acotados pero van en aumento. Hay extranjeros que buscan adquirir propiedades en Costa Rica con bitcoin o stablecoins, y una comunidad de traders y creadores de contenido que reciben pagos en USDT y necesitan convertirlos a cuentas bancarias locales.
"Ya hay fintech que dan ese servicio a persona natural, con facilidad para cambiar a banco localmente o con una tarjeta cripto. Hace 10 años no existía nada. En ese momento usábamos el P2P", apuntó.
Sobre el potencial de las stablecoins en el mercado de remesas, Barquero reconoció que existe una oportunidad frente a servicios tradicionales cuyas comisiones encarecen el envío. No obstante, anticipó que esa ventaja podría reducirse con el tiempo. Señaló que los costos de conversión entre el sistema bancario y los activos digitales podrían volverse marginales en un plazo de tres a cinco años, conforme aumente la adopción masiva.
Inversión, regulación y educación
En cuanto al perfil del costarricense que sí se acerca al mundo cripto, Barquero trazó una distinción clara: hay más personas interesadas desde una perspectiva de inversión o ahorro a largo plazo que por necesidad de pagos. El interés que observó en eventos como Blockchain Jungle —que en su edición de 2024 reunió a cerca de 3.000 personas en el área metropolitana de San José— reflejó curiosidad genuina por el ecosistema, aunque no una urgencia de usarlo como medio de pago cotidiano. Fuera de la capital, la comunidad más activa tiende a estar conformada en mayor medida por extranjeros residentes en el país.
Sobre regulación, reconoció avances aunque lentos. Organizaciones como Asoblockchain han impulsado propuestas de ley y hay profesionales del derecho especializados trabajando el tema desde hace años, pero ninguna iniciativa ha sido aprobada.
Barquero confió en que la creciente claridad del marco regulatorio estadounidense y la relación con El Salvador podrían acelerar ese proceso. "Al tener tanta presencia estadounidense en nuestro país, y siendo un país seguidor, una vez que haya mayor claridad allá, muy seguramente en Costa Rica también se terminarán aprobando las cosas", sostuvo. Añadió que ve en El Salvador un referente regional a seguir en materia de activos digitales.
El factor que identificó como decisivo para una adopción más amplia, más allá de la regulación, fue la educación. Para Barquero, el principal obstáculo es que muchas personas asocian cualquier activo digital con la volatilidad del bitcoin, sin distinguir que una stablecoin funciona como un método de pago y no como un instrumento especulativo. "Son simplemente un método de pago más. El tema es que falta educación", resumió.
El panorama que describió Barquero no es el de un mercado cerrado, sino el de uno que todavía no ha encontrado una razón de urgencia. La pregunta, dijo, no es si Costa Rica adoptará los activos digitales, sino cuándo las condiciones (regulatorias, educativas y de mercado) convergerán para que eso ocurra de forma natural. Un país que ya digitalizó sus pagos cotidianos tiene, paradójicamente, menos presión para dar ese siguiente paso. Pero también tiene la infraestructura para hacerlo cuando llegue el momento.
Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

