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Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

Tokens como colateral: ¿pueden los activos digitales respaldar préstamos en América Latina?

EE.UU. acepta activos digitales como colateral en derivados e hipotecas. En El Salvador el debate ya existe. ¿Tiene la región el marco para seguir ese camino?

Tokens como colateral: ¿pueden los activos digitales respaldar préstamos en América Latina?
Opinión

El uso de activos digitales como colateral para préstamos no es un concepto nuevo en los mercados más desarrollados de criptomonedas. Plataformas de finanzas descentralizadas (DeFi) llevan años ofreciendo esta modalidad a escala global. Pero trasladar ese esquema al sistema financiero formal implica una serie de preguntas que, por ahora, no tienen respuesta clara: ¿quién custodia el activo?, ¿cómo se valúa?, ¿qué ocurre si el precio cae de forma abrupta?

Lo que antes parecía una conversación exclusiva del ecosistema cripto empieza a instalarse en los reguladores del mercado financiero tradicional. En Estados Unidos, la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés) lanzó en diciembre de 2025 un programa piloto que permite a los intermediarios de futuros aceptar bitcoin, ether y USDC como colateral de margen en mercados de derivados.

Paralelamente, la Agencia Federal de Financiamiento de Vivienda (FHFA, por sus siglas en inglés) instruyó a Fannie Mae y Freddie Mac a desarrollar propuestas para incluir criptoactivos en la evaluación de riesgo de préstamos hipotecarios. Son activos de naturaleza distinta a los tokens emitidos bajo marcos como el de El Salvador, pero la dirección regulatoria es la misma: los activos digitales comienzan a ser reconocidos como garantía válida dentro del sistema financiero formal.

En El Salvador, ese debate comenzó a surgir recientemente en conversaciones entre empresarios del sector. La discusión, aunque todavía informal, resulta significativa: el país cuenta con la Ley de Activos Digitales (LEAD) y con una entidad supervisora, la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD), lo que en teoría ofrece un piso institucional sobre el cual estructurar productos financieros de este tipo. Sin embargo, la ley no contempla de manera explícita el uso de tokens como garantía en operaciones de crédito tradicional.

Eso deja abierta la pregunta de si el marco vigente es suficiente o si requeriría adecuaciones para permitir, por ejemplo, que una entidad financiera regulada acepte un token como colateral con respaldo legal ejecutable.

El problema no es exclusivo de El Salvador. En Argentina, la Comisión Nacional de Valores (CNV) ha avanzado en la regulación de la tokenización de activos del mundo real, pero el uso de esos instrumentos como garantía crediticia sigue siendo un terreno sin mapear dentro del sistema bancario convencional. En Uruguay, el Banco Central ha explorado marcos para activos virtuales con énfasis en prevención de lavado de activos, pero sin llegar aún a regular su función como colateral.

La viabilidad de estos esquemas depende de al menos tres condiciones: liquidez del activo tokenizado, mecanismos claros de ejecución de garantías en caso de incumplimiento, y criterios de valoración que los reguladores y las instituciones financieras puedan aplicar de forma consistente. En mercados donde los tokens todavía tienen baja profundidad de negociación, esas condiciones son difíciles de cumplir.

Eso no significa que el camino esté cerrado. En el ecosistema DeFi, el colateral en criptoactivos funciona mediante contratos inteligentes que liquidan automáticamente la posición si el valor cae por debajo de cierto umbral. Adaptar esa lógica al sistema financiero regulado de la región implicaría, entre otras cosas, definir quién actúa como oráculo de precios y cómo se integra ese proceso con la normativa vigente de garantías y ejecución judicial.

La señal que llega desde Estados Unidos no resuelve esas preguntas para América Latina, pero sí les da otro peso. Si la economía más grande del mundo empieza a construir reglas para que los activos digitales funcionen como garantía dentro del sistema formal, la pregunta de si los tokens latinoamericanos podrían hacer lo mismo deja de ser especulativa. Se convierte en una cuestión de cuándo y cómo, no de si acaso.

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