Las elecciones generales de Perú de 2026 no sólo están marcadas por la disputa política, sino también por un elemento tecnológico que podría redefinir la forma en que se entiende la transparencia electoral en América Latina: la blockchain.
Con más de 27 millones de personas habilitadas para votar —tanto dentro como fuera del país—, el proceso avanza con un conteo que, al cierre de esta nota a las 16:16 horas (hora Perú), reflejaba un 56% de actas procesadas para la elección presidencial y alrededor del 15% en otros cargos. Sin embargo, más allá de las cifras, la atención también se centra en cómo la tecnología está siendo utilizada para reforzar la legitimidad del proceso.
Aunque todavía no se han publicado datos específicos sobre el comportamiento del voto en el exterior, sí se sabe que Perú ha implementado un plan piloto de voto digital que integra blockchain como mecanismo de verificación. Este modelo, documentado previamente en entrevistas con actores tecnológicos del sistema, introduce un cambio relevante: la posibilidad de auditar la integridad del voto sin comprometer la identidad del elector.
“La blockchain será un observador digital imparcial”, explicó José Zárate en conversación previa con Cointelegraph en Español. Bajo este enfoque, la tecnología no almacena directamente los votos, sino pruebas criptográficas que permiten verificar que no han sido alterados.
Este matiz es clave. A diferencia de lo que podría suponerse, la blockchain no sustituye la infraestructura electoral tradicional, sino que funciona como una capa adicional de confianza. En la práctica, el voto sigue siendo procesado por la autoridad electoral, pero su integridad queda respaldada mediante registros inmutables y auditables.
El piloto está enfocado en grupos específicos que históricamente han enfrentado barreras para ejercer el sufragio presencial, como militares, personal de salud, personas con discapacidad y ciudadanos en el extranjero. En este último caso, los peruanos mayores de 18 años que registraron su domicilio fuera del país antes del 14 de octubre de 2025 pueden votar en sus respectivos consulados o en locales alternativos habilitados.
La incorporación de blockchain en este contexto responde a un problema estructural: la desconfianza institucional. Diversos estudios en Perú han señalado que una parte significativa de la población percibe riesgos de fraude o manipulación en los procesos electorales. En ese escenario, tecnologías como blockchain ofrecen atributos que buscan reducir esos temores, como la inmutabilidad de los datos, la trazabilidad en tiempo real y la descentralización de la información.
Sin embargo, su implementación también plantea desafíos. La brecha digital sigue siendo una limitante, especialmente en zonas rurales, y el éxito del sistema dependerá no sólo de su robustez técnica, sino de la capacidad de las autoridades para comunicar cómo funciona y generar confianza en la ciudadanía.
A nivel internacional, los precedentes muestran que el camino no es inmediato. Países como Estonia han tardado décadas en consolidar sistemas de voto digital, mientras que otros, como Estados Unidos o Sierra Leona, han experimentado con blockchain en contextos más acotados y con resultados mixtos.
En este sentido, lo que ocurre en Perú podría marcar un punto de inflexión regional. Si bien el uso de blockchain en estas elecciones es aún limitado y experimental, su integración en un proceso nacional abre la puerta a una discusión más amplia sobre el futuro de la gobernanza digital en América Latina.
La pregunta de fondo no es sólo si la tecnología funciona, sino si logra algo más complejo: reconstruir la confianza. Porque, aunque la blockchain puede garantizar que un dato no sea alterado, la legitimidad de una elección sigue dependiendo, en última instancia, de que los ciudadanos crean en el sistema que la respalda.
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