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Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

Bancos y fintech en América Latina: ¿enemigos o socios?

En América Latina, los datos muestran más complementariedad que desplazamiento, y el mercado de pagos crece para ambos actores.

Bancos y fintech en América Latina: ¿enemigos o socios?
Opinión

Durante años, el debate sobre el futuro del sistema financiero estuvo dominado por una premisa apocalíptica: las fintech vendrían a destruir a los bancos tradicionales. La irrupción de los neobancos, las billeteras digitales y los sistemas de pago instantáneo alimentó esa narrativa. 

Sin embargo, el XI Reporte de Inclusión Financiera de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), ofreció una lectura más matizada y respaldada por datos: en América Latina, la relación entre bancos y fintech se parece más a una sociedad funcional que a una guerra de mercado.

El reporte citó una investigación reciente que desafió el relato del desplazamiento. Un estudio de Serfes y Avramidis (2025) publicado en el Journal of Banking & Finance encontró que la oferta de crédito entre bancos y fintech tiende a complementarse antes que a competir directamente. 

Los bancos exigen requisitos formales y financian el largo plazo; las fintech operan con algoritmos, atienden el corto plazo y llegan a segmentos que la banca tradicional históricamente dejó desatendidos. Otro trabajo académico, de Eren y Liebensohn, en 2025, analizó el Paycheck Protection Program en Estados Unidos y concluyó que las fintech amplían la oferta de crédito en lugar de redistribuirla, lo que sugiere que el mercado crece para ambos actores.

La misma lógica se observó en el terreno corporativo. El reporte recordó que muchos bancos de la región no esperaron pasivamente la llegada de competidores digitales: incubaron sus propias fintech, crearon neobancos con personería jurídica independiente y desarrollaron billeteras digitales con ecosistemas propios de marketplace y servicios conexos.

Brasil como laboratorio

El caso más documentado que recogió el reporte fue el de Brasil con el PIX. Cuando el Banco Central brasileño lanzó su sistema de pagos instantáneos en 2020, la narrativa dominante anticipaba una pérdida masiva para la banca comercial. Lo que ocurrió fue más complejo. Los bancos tradicionales vieron reducirse sus ingresos por comisiones de pago, sí, pero el PIX también incorporó millones de nuevos usuarios al sistema financiero formal. 

Esa masa de clientes inéditos se convirtió en una oportunidad comercial que tanto bancos como fintech y neobancos aprovecharon para ofrecer productos de crédito, ahorro e inversión. El mercado no se redistribuyó: se expandió.

En India ocurrió algo similar con el UPI. Los proveedores tecnológicos como Google Pay y PhonePe ganaron protagonismo operativo, pero lo hicieron sobre una infraestructura pública que los bancos centrales construyeron y que los bancos comerciales alimentan con sus depósitos y productos.

El mapa se complejiza

Lo que el reporte dejó claro fue que las fronteras entre actores se volvieron cada vez más difusas. Bancos que invierten en fintech, fintech que dependen de la infraestructura bancaria, neobancos creados por entidades tradicionales, cooperativas que ingresan a los sistemas de pago rápido: el ecosistema financiero latinoamericano ya no se puede leer en clave binaria.

Un trabajo de la revista Nature sobre el caso turco, también citado por FELABAN, encontró que los bancos de mayor tamaño prefieren colaborar con fintech en el diseño de productos antes que invertir directamente en ellas, mientras que los bancos más pequeños buscan capital fresco a través de alianzas con actores del mundo de los pagos digitales. Dos modelos distintos, un mismo movimiento de convergencia.

La regulación como árbitro

La tensión real no está entre bancos y fintech, sino entre ambos y el marco regulatorio que los contiene. El reporte señaló que uno de los desafíos centrales de los sistemas de pago rápido en la región es garantizar que todos los participantes del ecosistema — bancarios y no bancarios — estén sujetos a reglas equivalentes. 

La neutralidad tecnológica que se exige a la infraestructura debe extenderse también a la regulación. Sin ese equilibrio, el terreno de juego se inclina y la competencia que hoy parece virtuosa puede derivar en asimetrías que perjudiquen al usuario final.

América Latina está construyendo un sistema financiero digital más amplio, más accesible y más disputado que en cualquier momento de su historia. Los datos sugieren que bancos y fintech van a seguir coexistiendo, colaborando y compitiendo al mismo tiempo. La pregunta relevante ya no es quién va a ganar esa batalla. La pregunta es si el marco institucional de la región está a la altura de la complejidad que ese ecosistema exige.

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