La tokenización de activos financieros ya no es vista únicamente como una innovación del sector cripto, sino como una transformación estructural del sistema financiero global. Así lo plantea el más reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), “Finanzas tokenizadas”, que sitúa esta tendencia en el centro del debate económico y regulatorio internacional.
El documento no sólo describe los avances tecnológicos, sino que advierte que la tokenización —la representación de activos y dinero en registros digitales programables— redefine la forma en que se organiza la confianza en las finanzas. En lugar de depender exclusivamente de intermediarios tradicionales, parte de esa confianza se traslada a infraestructuras compartidas y a la lógica del código que ejecuta las transacciones.
Este cambio tiene implicaciones directas para América Latina. La región, caracterizada por sistemas financieros en desarrollo y alta dependencia de flujos internacionales, podría experimentar tanto beneficios como riesgos derivados de esta transición.
Por un lado, la tokenización promete reducir costos, mejorar el acceso a financiamiento y facilitar pagos transfronterizos más eficientes. Esto podría representar una oportunidad para economías latinoamericanas que históricamente han enfrentado fricciones en el sistema financiero global, especialmente en áreas como remesas, inclusión financiera y acceso a mercados de capital.
Sin embargo, el FMI advierte que estos mismos avances podrían amplificar vulnerabilidades existentes. La capacidad de mover activos y dinero tokenizado a velocidad casi instantánea y sin fricciones geográficas podría intensificar la volatilidad de los flujos de capital, especialmente en economías emergentes.
Además, el crecimiento de instrumentos como las stablecoins —mayoritariamente denominadas en dólares— plantea un desafío adicional. En contextos donde las monedas locales son más débiles o menos utilizadas, estos activos digitales podrían acelerar procesos de sustitución monetaria, reduciendo la efectividad de la política monetaria y erosionando la soberanía financiera.
El informe también introduce un elemento clave para la región: la velocidad. A diferencia del sistema financiero tradicional, donde existen tiempos de liquidación y procesos intermedios que permiten gestionar riesgos, la tokenización permite ejecutar transacciones en tiempo real. Esto elimina los llamados “tapones” del sistema, lo que puede hacer que episodios de estrés financiero se propaguen más rápidamente.
En este contexto, el rol del FMI no es menor. Históricamente, las posiciones del organismo han influido en el diseño de políticas económicas y marcos regulatorios en América Latina. El hecho de que ahora dedique un análisis estructural a la tokenización puede interpretarse como una señal de que este tema pasará a formar parte de la agenda de supervisión financiera en la región.
Más aún, el documento plantea la necesidad de avanzar hacia estándares globales bajo el principio de “misma actividad, mismo riesgo, misma regulación”, lo que podría traducirse en una presión creciente para que los países adopten marcos regulatorios alineados con estas directrices.
Esto abre un debate relevante para América Latina: si la región adoptará un enfoque reactivo, alineándose con estándares internacionales, o si buscará desarrollar modelos propios que equilibren innovación y estabilidad.
En paralelo, el informe destaca que la tokenización no elimina la necesidad del sector público, sino que redefine su rol. Los bancos centrales, reguladores y autoridades deberán decidir si actúan como supervisores, proveedores de infraestructura o participantes directos en estos nuevos sistemas financieros.
Para países que ya han avanzado en regulación de activos digitales, este escenario representa tanto una validación como un desafío. La existencia de marcos específicos puede posicionarlos como referentes en la región, pero también los expone a un mayor escrutinio internacional a medida que el tema gana relevancia en organismos multilaterales.
En última instancia, el mensaje del FMI es claro: la tokenización no es un fenómeno aislado del ecosistema cripto, sino una evolución que impactará a todo el sistema financiero. Y, en el caso de América Latina, su adopción no sólo dependerá de la tecnología, sino de decisiones políticas, regulatorias y estratégicas que definirán su integración en las finanzas globales del futuro.
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