El Salvador lleva años construyendo una identidad bitcoin (BTC). Sin embargo, cuando los proyectos de tokenización toman decisiones tecnológicas reales — dónde emitir, dónde circular, dónde encontrar inversores — la elección mayoritaria no ha sido la red nativa de BTC. Ha sido las redes compatibles con EVM.
La pregunta que subyace a esta brecha no es técnica ni ideológica. Es financiera: ¿dónde está la liquidez?
Los datos globales son contundentes. Según DefiLlama, el Valor Total Bloqueado (TVL, por sus siglas en inglés) total en DeFi ronda los USD 83.800 millones, con Ethereum y sus redes compatibles concentrando la mayor parte del ecosistema.
Polygon, una de las cadenas EVM más utilizadas para tokenización de activos del mundo real (RWA), cerró el tercer trimestre de 2025 con una capitalización de stablecoins de USD 2.940 millones — impulsada principalmente por USDT — y USD 1.140 millones en activos del mundo real tokenizados, según el informe trimestral de Messari.
En este contexto, la decisión de los proyectos salvadoreños tiene lógica de mercado. Real Tokn, una plataforma con más de 15 emisiones activas autorizadas por la CNAD, por ejemplo, adoptó el estándar ERC-3643, un estándar EVM diseñado para cumplimiento normativo en emisiones financieras; Stakiny, Ditobanx, TOHKN y otras más también diseñaron su infraestructura sobre una red EVM.
La elección no es arbitraria. Las redes EVM concentran la mayor profundidad de mercado, la mayor base de desarrolladores y los estándares más maduros para emisiones financieras reguladas. Cuando un proyecto necesita que un inversor pueda comprar, vender y transferir un token en un mercado secundario con liquidez real, las alternativas son limitadas.
Liquid Network, por su parte, tiene méritos propios. La Liquid Federation anunció en mayo de 2025 que la red superó USD 3.270 millones en TVL — incluyendo más de USD 1.800 millones en crédito privado tokenizado — y se posiciona, según RWA.xyz, como la tercera blockchain en activos del mundo real, detrás de Ethereum y BNB Chain. Bitfinex Securities ha emitido más de USD 250 millones en activos sobre Liquid, incluyendo el USTBL, un bono del Tesoro de Estados Unidos tokenizado y ofrecido al público de forma regulada en El Salvador.
Sin embargo, Liquid tiene una característica estructural que pesa: es una red federada. Su seguridad depende de un consorcio de más de 80 instituciones — exchanges, gestores de activos, proveedores de infraestructura — que actúan como funcionarios. Esa arquitectura no es una debilidad per se, pero sí impone un modelo de confianza distinto al de las redes descentralizadas, y limita la apertura del ecosistema.
El resultado práctico en El Salvador es que USTBL sigue siendo el único producto relevante construido sobre Liquid con presencia pública y regulada en el país. El resto del ecosistema de tokenización local — inmobiliario, equity privado, instrumentos de renta fija — ha encontrado en las redes EVM el terreno más fértil para operar.
La tesis de fondo es simple: los proyectos de tokenización no eligen redes por afinidad ideológica. Eligen redes donde sus tokens pueden circular, donde los inversores ya tienen billeteras, y donde los mercados secundarios tienen profundidad suficiente para hacer que el activo valga algo más allá de su emisión. Hoy, esas condiciones las cumplen, en mayor medida, las redes compatibles con EVM. Y mientras eso no cambie, El Salvador seguirá siendo, en la práctica, un ecosistema EVM con una excepción notable llamada Liquid.
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