Costa Rica consolidó en 2025 una transformación profunda en sus hábitos de pago. Según datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR), el total de operaciones sin efectivo alcanzó los 2.587,7 millones durante ese año, frente a los 224,8 millones registrados en 2010. El incremento equivale a un crecimiento de 1.051% en 15 años —más de once veces—, una expansión que refleja tanto la mayor penetración bancaria como el avance de la infraestructura de pagos digitales en el país.
El salto más pronunciado se produjo a partir de 2020. Ese año, el sistema procesó 711,7 millones de operaciones; apenas un año después, en 2021, la cifra saltó a 1.090,3 millones, superando por primera vez la barrera de los mil millones. Para 2022 el total ascendió a 1.461,1 millones, y la tendencia no se detuvo: 1.887,4 millones en 2023, 2.268,5 millones en 2024 y 2.587,7 millones en 2025. Los datos de los dos últimos años son preliminares y están sujetos a revisión, según el propio BCCR.
Las transferencias electrónicas, el motor del cambio
Entre los instrumentos de pago, las transferencias electrónicas protagonizaron el crecimiento más acelerado del período analizado. En 2010 representaban 64,1 millones de operaciones; en 2025 llegaron a 1.292,6 millones, un aumento de más de veinte veces. Sólo entre 2020 y 2021 casi se duplicaron, pasando de 251,8 millones a 476,7 millones, lo que sugiere que la pandemia de COVID-19 fue un punto de inflexión en la adopción masiva de este instrumento.
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Las tarjetas de pago, que históricamente lideraron el volumen, también crecieron de forma sostenida: de 138,5 millones de operaciones en 2010 a 1.293,1 millones en 2025. Su participación relativa, no obstante, fue cediendo terreno frente al avance de las transferencias, que en 2025 prácticamente las equipararon en volumen.
El cheque, en extinción
El contraste más marcado lo ofrece el cheque. En 2010 se registraron 22,2 millones de operaciones con este instrumento; en 2025 la cifra cayó a apenas 2,1 millones, una reducción de 90,4%. Su retroceso tampoco se limita al volumen: en valor transado, las transferencias electrónicas movilizaron 434.154,8 millones de colones en 2025, frente a los 4.105 millones correspondientes a cheques. La tendencia apunta a una obsolescencia progresiva de este instrumento en el sistema financiero costarricense.
El indicador per cápita refuerza la lectura. En 2010, cada costarricense realizó en promedio 49,6 operaciones de pago sin efectivo al año. En 2025, ese número llegó a 498,4, aproximadamente diez veces más, con una población de 5,19 millones de personas según los mismos registros del BCCR. Las transferencias per cápita pasaron de 14,1 a 249 operaciones anuales por habitante en el mismo lapso.
Un sistema de pagos en transformación
El valor total de las operaciones sin efectivo también registró una expansión significativa: de 64.284,9 millones de colones en 2010 a 454.725,8 millones en 2025. Las transferencias electrónicas concentraron en ese último año el 95,5% del valor total transado sin efectivo, lo que evidencia su rol dominante no sólo en volumen sino en monto.
Los datos son recopilados anualmente por el BCCR a partir de información reportada por emisores de tarjetas y adquirentes nacionales. En 2024, el banco central revisó el historial de transacciones previo y solicitó a distintas entidades la verificación de sus cifras, lo que derivó en modificaciones a estadísticas de años anteriores. Esa actualización explica diferencias respecto a publicaciones previas y subraya el esfuerzo institucional por ofrecer un registro más preciso de la evolución del sistema de pagos en Costa Rica.
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