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Gustavo Godoy
Escrito por Gustavo Godoy,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

¿Tiene SWIFT los días contados en LatAm debido a las stablecoins?

SWIFT no morirá; se transforma e interopera coexistiendo con el auge regional de las stablecoins.

¿Tiene SWIFT los días contados en LatAm debido a las stablecoins?
Opinión

El debate sobre el futuro del sistema financiero global suele poblarse de predicciones drásticas. En el epicentro de esta discusión, la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales, conocida universalmente por sus siglas en inglés como SWIFT, suele ser retratada por los sectores más optimistas de la tecnología de bloques como una estructura obsoleta con los días contados. Esta narrativa ha cobrado especial fuerza en América Latina, una región caracterizada por su dinamismo en la adopción de activos digitales y por desafíos estructurales históricos en sus sistemas bancarios tradicionales. Sin embargo, al examinar la arquitectura profunda del movimiento de capitales globales y las necesidades operativas de las economías locales, la hipótesis de la desaparición inminente de la infraestructura tradicional revela ser más un mito que una realidad inminente. El ecosistema financiero no avanza hacia la destrucción de sus cimientos, sino hacia una transformación profunda y una coexistencia pragmática.

Para comprender la resiliencia de la red de mensajería tradicional, es indispensable desmitificar su naturaleza. Contrario a la percepción popular, esta organización no traslada fondos ni custodia dinero, sino que gestiona la comunicación segura entre miles de instituciones financieras distribuidas en todo el planeta. La primera columna que sostiene su vigencia es el arraigo absoluto en el comercio entre empresas y estados. El intercambio comercial de gran envergadura, que sostiene el producto interno bruto de las naciones latinoamericanas mediante la exportación de materias primas o la importación de bienes de capital, requiere un marco legal y operativo sumamente estricto. Las corporaciones multinacionales y las entidades gubernamentales no operan bajo la premisa de la agilidad técnica aislada, sino bajo la exigencia de la claridad fiscal, las auditorías rigurosas y el estricto cumplimiento de las normativas de prevención de legitimación de capitales y conocimiento del cliente. La confianza institucional construida durante décadas no se desplaza con facilidad, ya que ofrece el respaldo jurídico que los grandes capitales necesitan para mitigar riesgos legales y operativos.

Además del factor institucional, la red tradicional ha demostrado una capacidad de renovación interna que desafía la percepción de que se trata de una tecnología estancada. La implementación global de nuevos estándares internacionales para el intercambio de datos financieros ricos ha dotado a la mensajería tradicional de una estructura informativa superior. A esto se suma el desarrollo de protocolos tecnológicos de gestión que han optimizado de manera drástica los tiempos de procesamiento, permitiendo que una vasta mayoría de los pagos transfronterizos alcancen los bancos de destino en lapsos que rivalizan con las redes descentralizadas. Con frecuencia, los retrasos y los costos excesivos que experimentan los usuarios finales no se originan en la red global de mensajería, sino en las ineficiencias de los bancos corresponsales locales y en las regulaciones de la última milla de cada país.

Lejos de mantener una postura de resistencia pasiva ante el avance de los activos digitales, la organización tradicional ha optado por una estrategia de absorción tecnológica. A través de ensayos continuos con registros distribuidos, redes de bloques compartidas y pruebas de conectividad con monedas digitales emitidas por bancos centrales, la entidad busca consolidar su rol como el gran conector universal. El objetivo estratégico no es competir contra la innovación, sino asimilar la infraestructura técnica emergente para garantizar que cualquier forma de dinero futuro, ya sea soberano o privado, deba transitar por sus canales de comunicación validados.

Mientras tanto, el fenómeno de los dólares digitales en América Latina responde a realidades macroeconómicas apremiantes que la banca tradicional no ha logrado resolver para la población general. Las monedas estables vinculadas al valor del dólar estadounidense han encontrado un terreno fértil debido a la necesidad de resguardo ante la depreciación de las monedas locales y la existencia de controles cambiarios estrictos en diversas jurisdicciones de la región. Para el ciudadano común y para la pequeña empresa en entornos de alta inflación, estos activos digitales operan como herramientas de preservación del poder adquisitivo y como canales alternativos de liquidez inmediata que no dependen de la aprobación de las autoridades monetarias locales.

Este impacto se hace evidente en el sector de los profesionales independientes y las pequeñas y medianas empresas que ofrecen servicios globales. Para estos actores económicos, realizar un cobro internacional mediante los canales bancarios tradicionales suele implicar comisiones fijas elevadas que merman significativamente sus ingresos, sumado a procesos de justificación de fondos que pueden demorar días. Las alternativas digitales permiten liquidar transacciones menores de forma casi instantánea y con costos que representan una fracción mínima del valor enviado, democratizando el acceso al comercio internacional de servicios.

Asimismo, la integración de estos activos digitales con las plataformas de pago rápido locales está reconfigurando la cotidianidad financiera en mercados clave. La capacidad de conectar una billetera digital que contiene dólares sintéticos con los sistemas estatales de transferencias inmediatas de los bancos centrales permite que los fondos procedentes del exterior se conviertan de manera automática en moneda local para realizar transacciones diarias. Esta simbiosis técnica demuestra que la innovación avanza con mayor velocidad allí donde la banca tradicional ha dejado desatendidos a los sectores minoristas.

No obstante, esta expansión no constituye una sustitución del sistema tradicional a nivel macroeconómico, sino una clara bifurcación del mercado financiero latinoamericano. El dinero institucional, las líneas de crédito soberanas, las grandes importaciones industriales y la liquidación de deuda continúan firmemente ancladas en los canales formales y en la red de mensajería global. En contraste, los flujos vinculados a las remesas familiares, la tesorería de microempresas y el comercio de servicios independientes fluyen de manera creciente a través de la infraestructura paralela de los bloques de datos. Ambas estructuras coexisten respondiendo a necesidades y volúmenes cualitativamente distintos.

Claro que existe la posibilidad real de que el éxito y la maduración de las monedas estables en América Latina terminen acelerando la centralización y el control del sistema financiero que originalmente pretendían eludir. A medida que estos activos digitales ganan volumen y relevancia sistémica, los reguladores globales y los bancos centrales occidentales incrementan su presión sobre las empresas emisoras de estos dólares digitales. Dado que estas corporaciones privadas dependen del sistema bancario tradicional estadounidense para custodiar las reservas de bonos y efectivo que respaldan sus activos, están obligadas a cumplir con las directrices políticas y regulatorias de las principales potencias financieras. 

En consecuencia, el uso masivo de dólares digitales en los mercados emergentes podría otorgar a las autoridades internacionales una capacidad sin precedentes para congelar fondos y vigilar transacciones a nivel global de manera directa, convirtiendo a la infraestructura descentralizada en el canal de supervisión más eficiente y unificado del sistema monetario tradicional. De este modo, la herramienta adoptada por su promesa de autonomía podría consolidarse como la extensión definitiva del orden financiero global.

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