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Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

¿Más remesas con menos comisiones? El potencial de los activos digitales en América Latina

Menos comisiones, más dinero para las familias. ¿Pueden los activos digitales hacer crecer las remesas en la región?

¿Más remesas con menos comisiones? El potencial de los activos digitales en América Latina
Opinión

América Latina recibió en 2025 alrededor de USD 174.400 millones en remesas, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que representó un incremento de USD 11.700 millones frente al año anterior. Este flujo no sólo evidencia la importancia de estos ingresos para millones de hogares, sino que también abre una discusión relevante: ¿podría crecer aún más si enviar dinero fuera más barato?

Hoy, el costo sigue siendo un factor determinante. El Banco Mundial estimó que enviar USD 200 hacia la región costaba, en promedio, un 5,8% a finales de 2022, más del doble del objetivo global fijado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En términos simples, una persona que envía dinero regularmente está perdiendo una porción relevante en comisiones. Ese dinero, en teoría, podría destinarse a incrementar el monto enviado.

Aquí es donde los activos digitales comienzan a cobrar relevancia. Al operar sobre infraestructuras distintas a las tradicionales, prometen transferencias más rápidas y, en muchos casos, con menores costos. Pero más allá de la eficiencia tecnológica, el verdadero impacto podría estar en el comportamiento del usuario.

Si enviar dinero cuesta menos, es razonable pensar que algunos migrantes podrían optar por enviar más. No necesariamente porque tengan mayores ingresos, sino porque el “costo de transferencia” deja de ser una barrera. En otras palabras, lo que antes se quedaba en comisiones podría transformarse en remesas adicionales.

El caso de El Salvador ofrece una primera señal, aunque todavía limitada. En los primeros dos meses de 2026, las remesas enviadas mediante billeteras digitales de criptomonedas alcanzaron USD 11,6 millones, frente a USD 4,7 millones en el mismo período de 2025, un crecimiento interanual de 146,4%. Además, el monto promedio por transacción aumentó de USD 273,9 a USD 313, lo que sugiere que quienes utilizan este canal no sólo lo adoptan, sino que también envían más por operación.

Sin embargo, el peso de este canal sigue siendo marginal: apenas el 0,8% del total de remesas recibidas en el país. Esto refleja que, aunque el potencial es claro, la adopción enfrenta barreras importantes, como la confianza, la educación financiera y el acceso tecnológico.

Aun así, el comportamiento general de las remesas también apunta en una dirección interesante. El monto promedio enviado en El Salvador subió de USD 320,7 a USD 342,2, mientras que el total recibido entre enero y febrero de 2026 alcanzó USD 1.524,8 millones, un crecimiento del 8,4%. Es decir, incluso en canales tradicionales, las personas ya están enviando más dinero.

La pregunta es qué pasaría si ese crecimiento coincidiera con una reducción estructural de costos. En un escenario de adopción masiva de activos digitales, no sólo se reducirían las comisiones, sino que también podría cambiar la frecuencia de envío. Transferencias más pequeñas, pero más frecuentes, o incluso un aumento sostenido en el monto total enviado, serían escenarios plausibles.

No obstante, este análisis también requiere cautela. El envío de remesas no depende únicamente del costo, sino de factores como el ingreso disponible, la estabilidad laboral en el país de origen y las necesidades del receptor. Reducir comisiones no crea dinero nuevo, pero sí optimiza su distribución.

En ese sentido, los activos digitales no deben entenderse como un sustituto inmediato de los canales tradicionales, sino como un complemento que puede presionar a la baja los costos del sistema en su conjunto. Si esto ocurre, el beneficio no sólo se reflejaría en mayor eficiencia, sino potencialmente en mayores flujos hacia la región.

En última instancia, la verdadera disrupción no está únicamente en la tecnología, sino en el incentivo económico que genera. Porque si enviar dinero deja de ser caro, la pregunta ya no será solo cómo se envían las remesas, sino cuánto más podrían crecer.

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