Cointelegraph
Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

¿Latinoamérica crece, pero no despega? Las razones detrás del lento avance económico en 2026

¿Por qué América Latina no despega? Aunque la economía crece, la inversión débil y el financiamiento caro siguen limitando su potencial.

¿Latinoamérica crece, pero no despega? Las razones detrás del lento avance económico en 2026
Opinión

América Latina y el Caribe vuelve a enfrentar en 2026 un escenario que ya se ha vuelto recurrente: crecimiento económico sí, pero insuficiente para transformar su estructura productiva o mejorar significativamente el ingreso per cápita. 

El más reciente informe del Banco Mundial proyecta que la región crecerá apenas un 2,1% este año, incluso por debajo del 2,4% registrado en 2025, consolidando su posición como una de las zonas de menor dinamismo a nivel global.

El dato no es menor. Más allá de la cifra puntual, lo relevante es lo que representa: una región atrapada en un ciclo de bajo crecimiento estructural, donde los avances económicos son demasiado lentos para generar cambios profundos. El propio informe advierte que el PIB per cápita apenas aumentará, lo que implica que, en términos reales, el ciudadano promedio verá pocas mejoras en su bienestar económico.

Uno de los factores clave detrás de este desempeño es la composición del crecimiento. El consumo privado sigue siendo el principal motor de la actividad económica, impulsado por la recuperación gradual de los ingresos y, en algunos casos, por flujos de remesas. Sin embargo, este impulso es limitado. El verdadero problema radica en la inversión, que continúa en niveles bajos debido a la incertidumbre global y doméstica, así como a condiciones financieras restrictivas.

Esta falta de inversión no sólo afecta el crecimiento a corto plazo, sino que también limita la capacidad de la región para aumentar su productividad en el largo plazo. Sin capital nuevo, sin innovación y sin expansión empresarial, el crecimiento se vuelve dependiente de factores coyunturales en lugar de estructurales.

A esto se suma un entorno financiero complejo. Aunque la inflación ha mostrado señales de moderación desde los picos de 2022, el proceso de desinflación se ha desacelerado, especialmente en sectores como servicios. Esto ha llevado a los bancos centrales a mantener una postura cautelosa, con tasas de interés relativamente altas que encarecen el crédito y desincentivan la inversión.

En paralelo, los gobiernos enfrentan restricciones fiscales significativas. Los déficits persisten y los niveles de deuda pública, aunque estabilizados, siguen siendo elevados en comparación con los estándares históricos. El aumento en los pagos de intereses reduce el margen para invertir en infraestructura, educación o innovación, elementos clave para impulsar el crecimiento potencial.

Otro elemento estructural que limita el despegue de la región es la baja profundidad de sus mercados financieros. En muchos países, el acceso al crédito sigue siendo limitado, especialmente para pequeñas y medianas empresas. Esto restringe la capacidad del sector privado para asumir riesgos, innovar y expandirse. Como señala el informe, las empresas en América Latina tienden a realizar menos “apuestas” en nuevos productos, tecnologías o mercados, lo que reduce las oportunidades de crecimiento agregado.

El contexto internacional tampoco ofrece un impulso claro. Si bien las condiciones financieras globales han mejorado ligeramente, la incertidumbre sigue siendo elevada debido a tensiones geopolíticas, cambios en la política comercial y una desaceleración en economías clave como China. Además, la volatilidad en los precios de la energía añade riesgos adicionales para la inflación y el crecimiento en la región.

A pesar de este panorama, el informe también identifica oportunidades. La reorganización de las cadenas globales de suministro, el auge del nearshoring y la transición energética abren espacios para que América Latina atraiga inversión y se integre más profundamente en la economía global. La región cuenta con ventajas comparativas importantes, como recursos naturales y una matriz energética relativamente limpia.

Sin embargo, aprovechar estas oportunidades no será automático. Requerirá mejoras en infraestructura, capital humano e institucionalidad, así como mayor certeza en las políticas públicas. Sin estos elementos, los vientos externos favorables podrían diluirse sin generar un impacto duradero.

En definitiva, el problema de América Latina no es la ausencia de crecimiento, sino su calidad y sostenibilidad. Crecer al 2,1% puede ser suficiente para evitar una crisis, pero no para cerrar brechas ni competir con otras regiones emergentes. Mientras la inversión siga rezagada, los mercados financieros continúen siendo poco profundos y la productividad no mejore, el despegue económico seguirá siendo una promesa pendiente.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

Este artículo de opinión presenta la visión experta del autor y puede que no refleje las opiniones de Cointelegraph.com. Este contenido ha sido sometido a una revisión editorial para garantizar su claridad y relevancia. Cointelegraph mantiene su compromiso con la información transparente y con el cumplimiento de los más altos estándares de periodismo. Se recomienda a los lectores que realicen su propia investigación antes de tomar cualquier acción relacionada con la empresa.