El avance de las criptomonedas en la economía global ha estado marcado, hasta ahora, por su adopción en pagos minoristas, inversión y remesas. Sin embargo, un nuevo frente comienza a consolidarse: su uso en infraestructuras estratégicas del comercio internacional. El caso más relevante hoy no está en América Latina, sino en Medio Oriente.
Irán ha comenzado a impulsar un esquema en el que buques que transitan por el estrecho de Ormuz —uno de los corredores marítimos más importantes del mundo— podrían verse obligados a pagar tarifas en criptomonedas. Según reportes de The Wall Street Journal, el país ha planteado cobros de hasta USD 2 millones por embarcación o esquemas cercanos a USD 1 por barril de petróleo transportado, con pagos en activos digitales como bitcoin o stablecoins.
Esta decisión no es menor. El estrecho de Ormuz concentra aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo, lo que convierte cualquier cambio en su operación en un evento de impacto global. En este contexto, el uso de criptomonedas responde principalmente a una lógica geopolítica: permitir transacciones fuera del sistema financiero tradicional y reducir la dependencia de infraestructuras dominadas por el dólar.
De hecho, análisis de la firma de inteligencia blockchain TRM Labs sugieren que un esquema de este tipo podría generar hasta USD 20 millones diarios, considerando el volumen de crudo que transita por la zona. Aunque el modelo ha sido ampliamente cuestionado desde el derecho internacional, el precedente ya está planteado: las criptomonedas pueden utilizarse como mecanismo de pago en rutas logísticas críticas.
En paralelo, Panamá comienza a explorar este mismo terreno, aunque desde un enfoque más institucional y progresivo. El alcalde del Distrito de Panamá, Mayer Mizrachi, planteó en una conversación previa con Cointelegraph en Español que no adoptar bitcoin sería un error estratégico comparable a no haber ampliado el Canal. Bajo esta visión, la ciudad aprobó en 2025 el uso de criptomonedas para el pago de tributos municipales mediante intermediarios.
Pero el alcance de esta visión podría ir más allá. Dentro del debate público y político, ya se ha planteado la posibilidad de que, a futuro, infraestructuras clave como el Canal de Panamá puedan integrar mecanismos de pago basados en criptomonedas, especialmente en servicios asociados a su operación logística. Aunque esto aún se encuentra en una fase conceptual y no como una medida implementada, refleja cómo el país está pensando en la evolución de su infraestructura financiera.
Este punto es clave. El Canal de Panamá no es sólo una vía de tránsito, sino uno de los principales nodos del comercio global. Si una infraestructura de este nivel llegara a integrar pagos en activos digitales —aunque sea a través de intermediarios y con conversión a dólares—, el impacto sería significativo para el sector logístico internacional.
La coincidencia entre ambos casos —Irán y Panamá— no radica en su motivación, sino en su dirección. En uno, las criptomonedas son una herramienta para sortear restricciones; en el otro, una apuesta por la innovación y competitividad. Pero ambos se integran en el corazón de sistemas logísticos de alcance global.
Esto abre la puerta a una posible transformación estructural del sector transporte. Las criptomonedas ofrecen ventajas claras en este entorno. En primer lugar, la velocidad: las transacciones en blockchain pueden liquidarse en minutos, frente a sistemas tradicionales que pueden tardar días. En operaciones donde el tiempo es crítico, esta diferencia puede traducirse en ahorros significativos.
En segundo lugar, la reducción de intermediarios. Al eliminar múltiples capas bancarias, se simplifican los procesos de pago y se reducen costos operativos, algo especialmente relevante en transacciones de gran volumen.
En tercer lugar, la interoperabilidad global. Las criptomonedas permiten que actores de distintos países, incluso aquellos con limitaciones bancarias, puedan participar en el comercio internacional sin las fricciones tradicionales.
No obstante, también emergen riesgos importantes. El caso de Irán evidencia cómo estos sistemas pueden utilizarse para evadir sanciones o controles internacionales, lo que podría generar resistencia regulatoria en otras jurisdicciones. Además, la volatilidad de ciertos activos digitales y la falta de estándares globales siguen siendo barreras para su adopción masiva.
Por ello, es probable que veamos una evolución en dos velocidades. Por un lado, modelos como el de Panamá, que integran criptomonedas de forma controlada, con conversión inmediata a moneda fiat y bajo marcos regulatorios claros. Por otro, esquemas más disruptivos como el de Irán, impulsados por necesidades geopolíticas.
La historia financiera muestra que muchas innovaciones surgen en los extremos antes de consolidarse. Hoy, el transporte y la logística parecen estar entrando en esa fase experimental con las criptomonedas. Si estos modelos logran demostrar eficiencia, reducción de costos y seguridad operativa, podrían sentar las bases de una nueva capa financiera en el comercio global.
En ese escenario, rutas como el estrecho de Ormuz o el Canal de Panamá no sólo serán clave para el flujo de mercancías, sino también para definir cómo circula el dinero en el siglo XXI.
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