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Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

Moody’s define cómo evaluar stablecoins: ¿qué implicaciones podría tener para América Latina?

Moody’s presentó una metodología para evaluar stablecoins, un paso que podría influir en cómo estos activos son analizados y regulados en América Latina.

Moody’s define cómo evaluar stablecoins: ¿qué implicaciones podría tener para América Latina?
Análisis

La publicación de la nueva metodología de Moody’s para la evaluación de stablecoins marca un avance en la institucionalización de estos activos digitales dentro del sistema financiero global. Por primera vez, una de las principales agencias de calificación crediticia establece un marco detallado para analizar su riesgo, utilizando herramientas tradicionales adaptadas a un instrumento de naturaleza digital.

El documento define a las stablecoins como activos diseñados para mantener paridad con monedas fiat y redimibles a demanda, lo que las acerca conceptualmente a instrumentos similares a depósitos. Bajo esta lógica, Moody’s plantea que su evaluación debe centrarse en la capacidad del emisor para cumplir con esa promesa de redención en todo momento.

El análisis parte de un componente central: la calidad de los activos de reserva. La metodología evalúa tanto el riesgo crediticio de estos activos como su valor de mercado, considerando escenarios en los que podrían perder valor o no ser suficientes para cubrir las obligaciones. Para ello se incorporan métricas como el promedio ponderado de calidad crediticia y mecanismos de ajuste como los “advance rates” (tasas de anticipo), que aplican recortes al valor de los activos, según su riesgo y liquidez.

Además, Moody’s introduce un enfoque secuencial en la evaluación. Primero determina un resultado preliminar basado en la calidad crediticia y el valor de mercado de las reservas, y luego ajusta la calificación considerando factores adicionales como riesgos operativos, tecnológicos y de liquidez. Este último punto es clave, ya que las stablecoins prometen redención inmediata, lo que exige que una proporción significativa de sus activos sea altamente líquida.

En este contexto, el documento también identifica riesgos estructurales relevantes. Entre ellos destacan la posibilidad de fallas operativas, interrupciones en la infraestructura tecnológica —como blockchain o smart contracts— y limitaciones en los procesos de redención, especialmente en escenarios de alta demanda. Asimismo, subraya la importancia de la segregación legal de los activos de reserva para proteger a los tenedores en caso de insolvencia del emisor.

No obstante, aunque la metodología amplía el análisis más allá de los activos financieros, mantiene un enfoque anclado en el riesgo crediticio. Es decir, prioriza la evaluación de la solvencia de las reservas y su capacidad de cobertura, siguiendo una lógica similar a la utilizada en instrumentos tradicionales. Esto refleja un intento de traducir un activo digital a un lenguaje financiero convencional, facilitando su comprensión por parte de inversionistas institucionales.

Para el mercado global, este movimiento representa un paso hacia la estandarización. Al establecer criterios comparables, Moody’s abre la puerta a que las stablecoins puedan ser evaluadas junto a otros instrumentos financieros, lo que podría favorecer su integración en carteras institucionales, sistemas de pagos y operaciones corporativas.

Sin embargo, el documento no aborda implicaciones regionales específicas. En ese sentido, cualquier impacto en América Latina debe entenderse como una proyección a partir del nuevo marco, más que como una conclusión directa de la agencia.

En la región, las stablecoins han ganado relevancia en los últimos años como herramienta para remesas, resguardo de valor frente a la inflación y acceso a dólares digitales. En mercados donde las limitaciones del sistema financiero tradicional son evidentes, estos activos han operado con una lógica distinta, muchas veces al margen de regulaciones específicas.

Bajo este contexto, la metodología de Moody’s podría convertirse en un referente para reguladores que aún están definiendo su postura frente a estos instrumentos. Dado el peso del sistema financiero estadounidense y la influencia de sus estándares, no sería inusual que algunos países observen este tipo de marcos al momento de diseñar sus propias normativas.

No obstante, esto también plantea interrogantes. La adopción de un enfoque basado en riesgo crediticio podría implicar mayores exigencias para los emisores, especialmente en términos de calidad de reservas, liquidez y estructura legal. Esto podría favorecer a actores con mayor capacidad financiera y operativa, pero también elevar las barreras de entrada para nuevos participantes.

Al mismo tiempo, surge una discusión más amplia sobre el modelo de integración. Mientras algunos mercados podrían optar por incorporar las stablecoins dentro del sistema financiero tradicional, bajo esquemas similares a depósitos o fondos, otros podrían mantenerlas en entornos digitales separados, priorizando la innovación y el acceso.

En última instancia, la metodología de Moody’s no redefine el mercado, pero sí establece un punto de partida para su evaluación formal. Más que cerrar el debate, introduce un nuevo marco que obliga a repensar cómo se analizan estos activos y qué estándares podrían adoptarse en el futuro.

Para América Latina, el impacto dependerá menos del documento en sí y más de cómo sus actores —reguladores, emisores y usuarios— decidan interpretarlo y aplicarlo en un contexto donde las stablecoins ya cumplen funciones que van más allá del sistema financiero tradicional.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.